Tres en uno, o la dificultad del amor completo

Hace poco intentaba recordar un concepto que leí hace mucho tiempo (y es que ya tengo una edad) y, aun cuando tardó un poco en tomar consistencia en mi memoria (y es que ya tengo una edad… ¡ay, que ya lo había dicho!), finalmente apareció: prostituta intelectual.

«La duda en el amor acaba por hacer dudar de todo»

— AMIEL

Es un concepto que hace referencia a una persona que se mantiene en el entorno de otra persona a la que quiere, pero cuyo amor no es correspondido de la misma manera. Hay quien ofrece como explicación diferentes motivos por los cuales la persona, sabiéndolo, puede permitir la proximidad de quien le quiere: porque se lo pasa muy bien con ella, por el apoyo emocional, porque tiene muy buena comunicación… pero vaya, que de sexo, en principio, nada de nada.

Teorías populares

Este hecho y el concepto de prostituta intelectual tienen relación con una teoría popular, la teoría de la escalera, de tono satírico y marcadamente sexista, que se basa en la premisa de que todas las personas basan sus relaciones en función de la posibilidad de tener amistad y/o sexo. La peculiaridad es que mientras los hombres proponen la existencia de una única escalera, las mujeres postulan la existencia de dos: la de la amistad y la de parejas sexuales potenciales, bien distantes entre ellas y entre las que no es posible (menos en excepciones excepcionales) hacer el salto sin caer en el abismo. Vaya, que una vez clasificado como amigo, no aspires a nada más. Es lo que se conoce como «friendzoning», o ponerte en la zona de amistades, que en principio no es ningún problema si esto es lo que quieres. Si no es lo que quieres, ya lo sabes… sigue tu camino.

Asunciones y prejuicios

Pero más allá de la validez científica o interés práctico de estas teorías, el concepto de «prostituta intelectual» y el de «friendzoning» me sorprenden por las asunciones que normalmente se hacen en los ejemplos, cargadas de mitos: que, a la hora de practicar sexo, las mujeres pasan del buen tío en quien se puede confiar e intimar y que estará ahí de manera incondicional, y van a buscar al ex-convicto que las maltrata; y al revés, que los hombres acaban optando por la «femme fatale» y dejan plantadas a las buenas chicas que los hacen reír y estimulan intelectualmente.

«Esta necesidad de olvidar su yo en la carne extraña, es lo que el hombre denomina noblemente necesidad de amar»

— CHARLES BAUDELAIRE

Vaya, creo yo que son mitos. Pero quizás el mito es pensar que en una pareja lo puedes tener todo. Dice Sternberg en su Teoría triangular del amor, que el amor se basa en tres componentes que se presentan en diferentes proporciones: la intimidad, la pasión y el compromiso. El amor consumado o completo tiene los tres componentes. Pero para las teorías populares, esto no sería nada más que, en efecto, teoría.

¿Lo uno y lo otro?

Walter Riso, en su libro «Manual para no morir de amor», cuando dice»Un clavo no siempre saca a otro», bajo el apartado «¿Es posible amar a  dos personas a la vez?» (que, por cierto, contesta con un sí rotundo), explica el caso de una mujer con un amor bicéfalo: un marido atractivo, gran amante y padre excelente, con pobre comunicación, «casi no habla»; y un compañero de trabajo con el que no tiene secretos, se ríen juntos, se lo pasan bomba y por quien, aunque se siente atraída sexualmente, no «se le pone la piel de gallina» como cuando ve a su marido. Mantuvo la situación unos años hasta que el compañero de trabajo conoció a otra mujer y la dejó. ¿Cómo lograr un amor completo, según Sternberg, os preguntaréis? Pues no lo sabemos. O quizás sí que lo sabemos, y la respuesta es «¡imposible!».

Porque claro, tres en uno es pedir mucho… ¿o no? Y vosotros, ¿qué pensáis?

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