Mostrarse a la vida

Mostrarse a la vida

A veces la vida nos empuja a mostrar lo que somos, o lo que podemos llegar a ser. Quizás no es la vida, sino nosotros mismos que ya no podemos hacer como el gato de la foto en el cementerio de Montmartre, cerrar los ojos y dejarnos arrullar por el silencio que nos rodea, adormecidos, esperando que ningún sobresalto nos haga salir del letargo, pese a que de un modo u otro la vida sigue a nuestro alrededor.

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Quizás porque, con el tiempo, ese murmullo mortecino que nos incomodaba de vez en cuando se ha convertido en un estruendo ensordecedor, como si algo se hubiera roto de repente, o como si estuviera a punto de romperse y nos adelantara, a cuenta, una parte del bullicio que vendrá después. El bullicio de nuestras voces acalladas durante tanto tiempo, gritando. Nuestra voz, gritando al fin, encontrando su lugar.

Y el miedo de escucharla y el miedo de que sea escuchada. Y el miedo de que no la escuche nadie. Y aun así, saber que seguir acallándola sería un poco vivir como el gato de la foto en el cementerio de Montmartre, pero rodeado de tu propia muerte.

Y decidir tener miedo y decidir mostrar lo que somos. Y decidir escuchar nuestra voz.

Y decidir por la vida.

Feliz 2019

Show yourself to life

Sometimes life pushes us to show what we are, or what we can become. Perhaps it is not life, but ourselves that we can no longer do like the cat in the photo in the Montmartre cemetery, close our eyes and let ourselves be lulled by the silence that surrounds us, asleep, hoping that no fright will make us leave the lethargy , although in one way or another life continues around us.

Maybe because, over time, that dull murmur that bothered us from time to time has become a deafening roar, as if something had suddenly broken, or as if it was about to break and overtake us, on account, a part of the bustle that will come later. The bustle of our voices hushed for so long, screaming. Our voice, shouting at last, finding its place.

And the fear of listening to it and the fear of being heard. And the fear that nobody will listen to it. And even so, knowing that continuing to silence her would be living a bit like the cat in the photo in the Montmartre cemetery, but surrounded by your own death.

And decide to be afraid and decide to show what we are. And decide to listen to our voice.

And decide for life.

Happy 2019

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