La importancia del contexto

Hace unos días fuimos con una compañera a un seminario. Durante el coloquio, surgió el concepto de la importancia que tiene el contexto a la hora de dar significado a un acto comunicativo: a palabras concretas, a gesticulaciones, a interacciones más o menos complejas.

De hecho, la pregunta que planteaba uno de los asistentes era en relación con los efectos curativos que comporta la ingesta de algunas sustancias psicoactivas en el contexto de rituales sagrados que tienen lugar entre algunos pueblos indígenas amazónicos. Se preguntaba si se mantendrían estos efectos beneficiosos si la ingesta de esta sustancia  se realizara en el contexto de un hospital con supervisión médica.

Qué me estás queriendo decir

Lejos de querer aclarar el resultado del debate, nos hizo venir a la cabeza precisamente esto, la importancia del contexto en la comunicación, en la manera como otorgamos significado en función de un montón de indicadores sociales, culturales, situacionales que concurren en un mismo instante. Qué distinto podemos interpretar que alguien nos diga «¡Ostras, qué puntual eres!» si llegamos al trabajo 10 minutos antes de la hora, o si nos presentamos media hora tarde a una cita el sábado por la tarde. Por no hablar de cómo buscaremos en la cara del interlocutor pistas que nos confirmen (o desmientan, según el caso) aquello que estamos interpretando.

«Creo que se aprende más sobre uno mismo en el contexto de una relación, que fuera de ella»

― PINK

Y cómo cambian también los significados cuando cambiamos, por ejemplo, los lugares o los tiempos o la espontaneidad. En el ámbito terapéutico lo usamos bastante para intentar romper las interacciones negativas que suelen salirse de control como, por ejemplo, las discusiones de pareja: muy bien no sabes cómo empieza, pero casi siempre sabes cómo acabará. La discusión estructurada propone seguir la discusión, pero en un lugar poco habitual, como por ejemplo el baño, y por turnos, hecho que normalmente acaba rompiendo la espiral incontrolable y da un lugar seguro a cada cual para expresarse sintiéndose escuchado.

¿Quieres probar a ver qué tal?

Y por si queréis experimentar con los cambios de contexto, os propongo otro ejercicio: la próxima vez que quieras comentar un problema con la pareja, lo podéis hacer andando. Buscáis un lugar que os guste y que sea tranquilo, como por ejemplo un bosque o aquel rincón de la playa que tanto os gusta. Primero habla uno, en primera persona, de aquello que siente y piensa sobre el problema, con los ojos cerrados, mientras el otro escucha cogido de la mano, y es el que guía el paseo. Después os intercambiáis los papeles.

Ojos cerrados, dejándonos guiar por el otro, cogidos de la mano, en la playa… ¿ha cambiado algo?

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