Juegos de verano

Un año más, llega el verano y, para los más afortunados, la posibilidad de disfrutar de unos días de vacaciones. Para algunos se trata de una visita repentina, que nos coge intentando terminar una montaña de cosas que no queremos encontrarnos agolpadas en la mesa del despacho cuando volvamos, circunstancia que nos limitaría la posibilidad que los buenos recuerdos, apenas adquiridos, se vayan desvaneciendo lentamente, haciendo más dulce el regreso a la realidad de nuestro día a día.

El verano nos llega lentamente

Para los más atentos, se trata de un hecho progresivo, que lleva ya unas semanas manifestándose en un síndrome que se repite cíclicamente, con una multitud de síntomas que se dan a la vez: el descenso del paro, las temperaturas elevadas, el riesgo de incendio o la programación ligera de la televisión. Y, probablemente, se repetirán las noticias a la vuelta: el síndrome post vacaciones, el supuesto incremento de las rabietas de nuestros hijos y el aumento de las separaciones tras las vacaciones de verano.

“El desarrollo de una pareja realmente buena no es un proceso natural. Es un logro.»
— David and Vera Mace

El aumento de las separaciones tras las vacaciones de verano… nos reencontramos con la persona que decidimos acompañar, de manera más o menos consciente, durante un trozo de nuestras vidas y nos damos cuenta que no la conocemos como creíamos, o que ya no es la misma persona: ¿acaso lo somos nosotros?¿Lo hemos pensado? ¿No? ¿Cuánto tiempo hace que vas con el piloto automático?

Un juego para empezar la conversación

Lejos de entrar en pánico, podemos aprovechar este tiempo que, junto con las vacaciones navideñas, suele ser el preferido para replantearnos el camino que hacemos y dónde queremos llegar, para valorar cómo nos sentimos en nuestra relación de pareja. Y teniendo en cuenta el calor que va a hacer y la pereza que da trabajar bajo sus efectos, lo podemos hacer como un juego, a partir de un simple test que nos propone Gottman. Podemos contestarlo cada cual por su cuenta, sin agobiarnos demasiado con las puntuaciones, y comentarlo después con la pareja.

Y, si fuera necesario, usarlo de excusa para, aprovechando una cálida noche de verano y el empujón de un buen vino que alargue la cena, empezar este reencuentro.

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