Contra los escollos

No es ningún secreto que nos gustan las citas. Bien, me refiero al hecho de citar textos de otros autores, más o menos conocidos, de manera literal… a este tipo de citas me refería.
Sólo hace falta revisar nuestra web para darse cuenta de que somos propensos al uso de esta clase de sabiduría condensada. Corremos el riesgo de equivocarnos a menudo al atribuir las fuentes y, todavía más peligroso, sacar la frase de contexto, usarla para lo que queramos. Hay autores que han hablado del poder manipulativo de los aforismos, de la contundencia que implica su formulación. Pero también hablan del hecho que, después de reflexionar, podemos llegar a nuevas conclusiones.

Un cambio inevitable, una feliz casualidad

Nosotros ya tenemos cierta tendencia a eso, a reflexionar sobre las evidencias, a veces más de la cuenta, pero también tiene relación con nuestro posicionamiento profesional: no quedarnos con lo primero que nos dicen es un buen hábito, tanto para un coach como para un terapeuta. Y esto nos ha pasado con una cita que hemos releído recientemente de William Somerset Maugham:

«No somos la misma persona este año que el año pasado; ni lo son aquellos que amamos. Es una feliz casualidad si nosotros, cambiando, seguimos queriendo a una persona que ha cambiado»

Si lo llevamos al mundo de la pareja (y lo podemos hacer porque, como decía antes, lo podemos sacar de contexto y usar para lo que queramos… y asumir las consecuencias 😉 ), parece que lo deja bastante claro: con el paso de los años, las personas habrán cambiado tanto que lo más normal, casi estadísticamente hablando, es que ya no se quieran. Y, si no quererse es una causa de separación, parece que en España este cambio se da en casi 16 años, a juzgar por los datos del INE.

Poner de nuestra parte

Pero esta cita tiene una cosa que no nos gusta demasiado: nos posiciona en situación de víctimas. Como todos cambiamos, esto es inevitable, y lo hacemos cada cual a nuestra manera, esto parece también evidente, pues… poca cosa podemos hacer. Si vemos la relación como dos embarcaciones que flotan a la deriva, probablemente el resultado se acerque al sentido inmediato que nos queda al leer la frase, y que se parece a los  restos de naufragio.

Nosotros creemos que sí que podemos hacer, y mucho, y daremos algunas pistas en próximos posts. En buena parte, antes de empezar, saber quién son estas personas que cambiarán irremisiblemente desde el instante que se conocen, pero que lo pueden hacer a partir de un sentido y unos valores compartidos. Y la otra parte, tiene que ver con no dejar de conocer cómo cambiamos y hacia dónde, de saber por dónde navegamos, vaya, por introducir las correcciones que haga falta o por acordar que dejamos de remar… antes de naufragar contra los escollos.

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